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El Pensamiento Renacentista Y Sus Fuentes PDF

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PAUL OSKAR KRISTELLER EL PENSAMIENTO RENACENTISTA Y SUS FUENTES Compilador Michael Mooney FONDO DE CULTURA ECONÓMICA MÉXICO Primera edición en inglés, 1979 Primera edición en español, 1982 Titulo original: Renaissance Thought and its Sources © 1979, Columbia University Press, Nueva York ISBN 0-231-04512-3 D. R. © 1982; Fondo de Cultura Económica \v. de la Universidad, 975; 03100 México, D. F. ISBN 968-16-1014-8 L Impreso en México A la memoria de Ernest Abrahamson PREFACIO DEL EDITOR No hay problema ni duda alguna en recordar cuál fue el origen de El pensamiento renacentista y sus fuentes. Poco después de que, en 1976, Paul Oskar Kristeller completara la conferencia final de “La literatura filosófica del Renacimiento”, un curso para graduados muy popular, que a partir de 1939 había impartido en la Universidad de Columbia casi cada dos años, le pregunté lo obvio: ¿No le interesaría ahora, dado el ocio relativo que su jubilación le permite, preparar el estudio definitivo sobre la filosofía renacentista? Su reacción fue inme­ diata y reveló en ella una cierta sorpresa: desde luego que no, replicó. No estamos —con esto se refería al grupo de especialistas en el tema— listos para llevar a cabo tal empresa. Quizá tu generación esté prepa­ rada para ello, agregó un tanto juguetonamente, pero no la mía. De cualquier manera, cualquier cosa que sobre el tema pudiera decir estaba ya publicado. Es una lástima, pensé, pues los ensayos a los cuales se refería se encontraban dispersos y algunos incluso fuera de circula­ ción, aparte de que ninguna obra por sí sola permitía una visión totali­ zadora del pensamiento renacentista y sus fuentes, como la que él había logrado en su curso para graduados. Dos acontecimientos ocurridos en 1977, casi simultáneamente, die­ ron nueva vida a mi esperanza de tener un texto general. Una mención casual de esta idea a John D. Moore, encargado general de la Columbia University Press, llevó a cabo una serie de pláticas y, a la larga, al planteamiento de una propuesta; en el mientras, la carta de un editor inglés al profesor Kristeller, en la cual le preguntaba a éste si no esta­ ría interesado en reimprimir algunos títulos agotados, se unió a lo anterior y de ambos sucesos se derivó la idea de este volumen y del plan para su publicación. Aunque en un principio pensamos en un libro de mayores dimensio­ nes, el conjunto de ensayos que decidimos nos fue dado prácticamente hecho. En el transcurso de los últimos veinticinco años el profesor Kris­ teller había dado varias series de conferencias pagadas, y más por coin­ cidencia que por premeditación, el orden de esas invitaciones había formado una secuencia sistemática de las fuentes del pensamiento rena­ centista, así como un panorama de sus temas centrales. Las Martin Classical Lectures, de 1954, trataron “Los clásicos y el pensamiento re­ nacentista”; la Wimmer Lecture, de 1961, estuvo dedicada a “La filoso- 9 10 PREFACIO DEL EDITOR fía renacentista y la tradición medieval”; dos conferencias dadas en la Fundación Cini, de Venecia, en 1963, tocaron la relación entre el pensamiento renacentista y Bizancio; las Arensberg Lectures, de 1965, exploraron “Los conceptos de hombre en el Renacimiento”; y tres seminarios universitarios realizados en 1975, en la Universidad de Colo­ rado, en Boulder, examinaron “La filosofía y la retórica de la Antigüe­ dad al Renacimiento”. Agregando a esto un artículo acerca de “El hu­ manismo y el escolasticismo”, de justa fama desde su publicación en 1944, teníamos la estructura de ese panorama que nos proponíamos, así como la presentación integrada que buscábamos. De no ser por sus orígenes tan diversos, incluso habríamos podido llamar orgánicos a los ensayos que el libro abarcaría. La Primera Parte expone las fuentes clásicas del pensamiento renacentista y da la fisono­ mía esencial, indicando las tradiciones humanista, aristotélica y plató­ nica a las cuales se refiere continuamente el resto de los ensayos que forman el volumen. Las partes Segunda y Tercera presentan el pensa­ miento renacentista en su contexto inmediato —la Edad Media, tanto griega como latina— y muestra la continuidad y la singularidad de sus corrientes representativas dentro de los movimientos entonces existentes. Contra dicho telón de fondo, la Cuarta Parte ofrece un estudio temá­ tico del pensamiento renacentista, examinándose en ella tres elementos de una cuestión que ha servido con frecuencia para atribuir a los pen­ sadores renacentistas una originalidad de ellos exclusiva: la concepción de hombre: la dignidad, el destino y la visión de la verdad que éste poseía. La Quinta Parte resume el todo, pero desde la perspectiva de un tema que se encuentra en el núcleo mismo de la vida intelectual del Renacimiento, por no decir de la tradición occidental como un todo: la relación del lenguaje con el pensamiento, de las palabras con las ideas, de la prudencia con la ciencia y de la retórica con la filosofía. Con ayuda de tales divisiones, se explora la ya vieja y aparentemente insoluble contienda entre la tradición literaria y la filosófica; de hecho, un paragone que identifica mucha de la erudición renacentista. En las páginas finales se ofrecen algunas meditaciones acerca de la forma y del resultado que ese conflicto presenta en nuestros tiempos. Dado que los ensayos fueron escritos en distintos contextos y en mo­ mentos diversos, hay cierta repetición en la presentación de los temas; pero pareciéndonos esto más bien instructivo que molesto, no intentamos eliminar toda huella de su presencia. Sin embargo, el texto fue revisado en detalle y se hicieron algunos cambios ocasionales; se revisaron y pu­ sieron al día las notas, que incluyen un buen número de obras relacio­ nadas con los temas y que sirven para documentar mejor aquellos puntos PREFACIO DEL EDITOR 11 expuestos en el libro dé un modo sumario. Sirve de introducción al libro un ensayo donde el profesor Kristeller examina los cincuenta años de su vida como intelectual, enumera los cambios que ha notado en sus propias percepciones y en el campo de los estudios renacentistas, e identi­ fica los retos a los que, piensa él, se enfrenta en este momento ese campo de especialización. Lo que el autor escribe allí de sí mismo y de su campo servirá para dar apoyo a lo que considero el aspecto vital del libro como un todo. En el transcurso de su larga y distinguida carrera, el profesor Kristeller se ha ganado —y ha atesorado— la reputación de ser un historiador de las ideas cuidadoso y meticuloso; un Geistestvissenchaftler en la mejor tradición alemana, dada su magnífica preparación en filosofía, filología e historia y su dominio de las lenguas clásicas y varias mo­ dernas. Entre sus colegas se le conoce como un erudito de eruditos, que no se asusta ante la tarea de preparar, como lo ha venido hacien­ do en los últimos veinte años, una “Lista de manuscritos humanísticos del Renacimiento sin catalogar o insuficientemente catalogados, exis­ tentes en las bibliotecas italianas y de otros lugares” (Iter Italicum, 2 volúmenes a la fecha [Londres: The Warburg Institute; Leiden: E. J. Brill, 1963-1967] y cuatro en preparación). Este amor por los textos y el íntimo conocimiento que de ellos tiene explican, desde luego, por qué el profesor Kristeller es tan tolerante en su modo de aproximar­ se al pensamiento renacentista; el porqué, digamos, no puede aceptar la idea de que el humanismo renacentista es una filosofía única; se trata de una realidad muy amplia, que cuenta con demasiados repre­ sentantes y expresa demasiados intereses para que podamos definirla mediante un conjunto de ideas filosóficas comunes. Ahora bien, sin sacrificar un ápice de ese cauto espíritu erudito, el profesor Kristeller manifiesta sus preferencias y es capaz de aplicar a los pensadores renacentistas —como a los de cualquier otra época— aquellos criterios mediante los cuales él mismo juzga qué es verdadero y de valor perdurable. Desde su tesis doctoral sobre Plotino y sus estudios de posgrado sobre Ficino hasta su lectura constante de Kant, nunca guardó en secreto sus simpatías por esas ideas que conocemos como la tradición “platónica”: la creencia de que la realidad siempre es algo más de lo que parece ser; que con esfuerzos y persistencia terminamos conociéndola y conociéndola en verdad; que existen un deber y un decoro ideales ordenadores de nuestras acciones, que debe­ mos procurar conocer y seguir; finalmente, que en el universo existe una unidad última tal, que nada, por insignificante que sea, se pierde. Su aceptación de Platón y de los seguidores de éste sobrenada suavemente 12 PREFACIO DEL EDITOR en las páginas de este libro, pero sin oscurecer o perjudicar la exposi­ ción histórica; mas allí la tenemos, revoloteando, hasta que en las pá­ ginas finales se le permite expresarse plenamente, cuando se habla de la modernidad y sus tendencias. Esta mezcla donosa de severa erudi­ ción histórica y firme compromiso con un conjunto de valores es en nues­ tros tiempos un arte casi perdido; resulta vivificante el ver que con tanta fortuna se lo lleva a cabo aquí. A excepción del ensayo introductorio, preparado especialmente para este volumen, el resto fueron en su origen conferencias, algunas repeti­ das en numerosas ocasiones; todas ellas pasaron por un proceso bastante continuo de purificación, que las llevó a la forma con que aquí las presentamos. Nunca antes fueron publicados los ensayos xii, xiii y xiv. Los demás han sido publicados con anterioridad, algunos en varios idiomas. Los ensayos que forman la Primera Parte, “El pensamiento rena­ centista y la antigüedad clásica”, fueron escritos originalmente para las Charles Beebe Martin Classical Lectures, del Oberlin College, da­ das del 22 al 26 de febrero de 1954; se los publicó con el título de Los clásicos y el pensamiento renacentista (Cambridge, Mass., Harvard University Press, 1955) y más tarde reimpresos, junto con otros ensa­ yos, en El pensamiento renacentista: las líneas clásica, escolástica y humanista (Nueva York, Harper Torchbooks, 1961), pp. 3-91. Tam­ bién fueron traducidos al italiano por Fabrizio Onofri, apareciendo como La tradizione classica nel pensiero del Rinascimento (Florencia, La Nuova Italia, 1965); la versión alemana estuvo a cargo de Renate Schv/eyen-Ott: Humanismus und Renaissance, I: Die antiken und mit- telakerlichen Quellen, editada por Eckhardt Kessler (Munich: Wilhelm Fink, 1974), pp. 11-86; la versión japonesa fue de Morimichi Wata- nabe: Runessansu no shiso (Tokio, University of Tokio Press, 1977). Está en preparación una edición húngara. La Segunda Parte, “El pensamiento renacentista y la Edad Media”, une dos ensayos de espíritu similar, pero de distinta procedencia. “El humanismo y el escolasticismo en el Renacimiento italiano” (ensayo v) fue originalmente una conferencia dada en el Connecticut College el 9 de marzo de 1944, y repetida el 14 de diciembre del mismo año en la Universidad de Brown. Se lo publicó por primera vez en Byzantion 17 (1944-1945), pp. 346-374, y luego pasó a la Bobbs-Merrill Reprint Series, en la sección de historia europea. Apareció, además, en Estudios sobre el pensamiento y las tetras renacentistas (Roma, Edizioni di Storia e Letteratura, 1956), pp. 553-583, y en El pensamiento renacentista: PREFACIO DEL EDITOR 13 las líneas clásica, escolástica y humanista (Nueva York, Harper Torch- books, 1961) ^ pp. 92-119. Hubo versiones al italiano, alemán y japo­ nés en las colecciones arriba mencionadas, en las cuales se incluyeron los capítulos de la Primera Parte. La versión italiana apareció primera­ mente en Humanitas 5 (1950), pp. 988-1015. Está en preparación una versión al hebreo. “La filosofía renacentista y la tradición medieval” (ensayo vi) fue dada originalmente en la 15th Wimmer Lecture, en St. Vincent’s Col- lege, Latrobe, Pa., el 25 de octubre de 1961; se la publicó, con el mismo título, en The Archabbey Press, Latrobe, Pa., en 1966. También apa­ reció en Los conceptos de hombre en el Renacimiento y otros ensayos (Nueva York, Harper Torchbooks, 1972), pp. 110-155. En la misma colección que contiene los capítulos de la Primera Parte salió una ver­ sión al alemán, y la traducción al italiano, de Simonetta Salvestroni, ha sido incluida en el volumen reciente Concetti rinascimentali dell’uo- mo e altri saggi (Florencia, La Nuova Italia, 1978), pp. 81-133. Los ensayos vii y viii, que aquí constituyen la Tercera Parte, “El pensamiento renacentista y la erudición bizantina”, fueron conferencias originalmente dadas en italiano, en la Fondazione Giorgio Cini, en Ve- necia, el 13 y 14 de septiembre de 1963. El primer ensayo (el vii) fue publicado en italiano, en Lettere Italiane 16 (1964), pp. 1-14; se lo reprodujo, sin notas, en Venezia e VOriente fra Tardo Medioevo e Ri­ nascimento, a cargo de Agostino Pertusi (Florencia, Sansoni, 1966), pp. 19-33, volumen (pp. 103-116) en el cual también apareció el segun­ do ensayo (el viii), asimismo sin notas. Fueron publicadas por primera vez en inglés, y con notas, en Los conceptos de hombre en el Renacimien­ to y otros ensayos (Nueva York, Harper Torchbooks, 1972), pp. 64-85 y 86-109. La versión alemana estuvo a cargo de Renate Schweyen-Ott: Humanismus und Renaissance, /.* Die antiken und mittelalterlichen Quel- len, editado por Eckhardt Kessler (Munich: Wilhelm Fink, 1974), pá­ ginas 145-176. Los ensayos que forman la Cuarta Parte, “Los conceptos de hombre en el Renacimiento”, fueron dados originalmente como las Arensberg Lectures, auspiciadas por la Francis Bacon Foundation, en la Claremont Gradúate School y el University Center, el 17, 19 y 21 de mayo de 1965. Se las publicó por primera vez en el libro Los Conceptos de hombre en el Renacimiento y otros ensayos (Nueva York, Harper Torchbooks, 1972), pp. 1-63. Se dispone ya de una versión al italiano, hecha por Simonetta Salvestroni: Concetti rinascimentali delVuomo e altri saggi (Florencia, La Nuova Italia, 1978). pp. 3-78. Los tres ensayos de la Quinta Parte, “La filosofía y retórica de la 14 PREFACIO DEL EDITOR Antigüedad al Renacimiento”, fueron originalmente conferencias dadas en un coloquio universitario de la Universidad de Colorado, en Boulder, del 27 al 29 de noviembre de 1975; se los publica aquí por pri­ mera vez. La preparación de este libro nos ha hecho incurrir en cierto número de deudas, que nos place reconocer. En primer lugar, vaya nuestro agrade­ cimiento a las distintas instituciones y editoriales que nos permitie­ ron reproducir material cuyos derechos de autor poseían: el Oberlin College, de Oberlin, Ohio; la Harvard University Press, de Cambridge, Mass.; la revista internacional Byzantion, de Bruselas; St. Vincent’s College, de Latrobe, Pennsylvania, y su Archabbey Press; la Francis Bacon Foundation, de Claremont, California, y la Harper & Row Publi- shers, de Nueva York. Mientras preparábamos las conferencias sobre “La filosofía y la retórica de la Antigüedad al Renacimiento” y las revisábamos para su publicación aquí, el profesor Kristeller recibió mucha información útil de los profesores James Hutton, Stephan Kuttner y Emil Polak, así como de colegas de la Universidad de Colorado, en Boulder, donde por primera vez dio estas conferencias; lo mismo ocu­ rrió en la Folger Shakespeare Library, de Washington, en Dumbarton Oaks, la Universidad de Delaware, la de Virginia, la Georgia State University y la decimotercera conferencia sobre estudios medievales, en la Western Michigan University, donde repitió la última ponencia. Hugh van Dusen, de Harper & Row, y John D. Moore, de la Columbia University Press, nos dieron su apoyo amistoso cuando estábamos pla­ neando este volumen. Dalli C. Bacon volvió a mecanografiar las notas cuando fue necesario, y Debra Ann Bolka participó ampliamente en la preparación del índice. Él libro está dedicado a la memoria de Ernest Abrahamson, amigo íntimo y colega del profesor Kristeller en Heidelberg, quien, al igual que este último, pudo abandonar Alemania, pasar a Italia y desde allí emigrar a nuestro país, donde hasta su prematura muerte, en 1956, enseñó en la Howard University, el St. John’s College y la Washington University, de San Luis. M. M. Nueva York, marzo de 1979 INTRODUCCIÓN Los ENSAYOS reunidos en este libro fueron concebidos, en un principio, como conferencias; ello explica que los temas tratados sean tan amplios y totalizadores. No es posible documentar a fondo los enunciados ge­ nerales presentados en el transcurso de cada conferencia y, si acaso, se trata de aproximaciones que requieren de muchos matices y ajustes, dado lo rico y variado del material original, que ningún erudito puede pretender dominar u ofrecer. No se piensa que esos enunciados sean pro­ posiciones abstractas y en sí mismas cumplidas, a las cuales pueda sa­ carse del texto y discutir sin referencia a los hechos y a las fuentes históricas concretos que intentan describir. Como cada ensayo constituye una unidad en sí, en ocasiones se so­ breponen, y hay algunas repeticiones más o menos considerables que el lector, confío yo, pasará por alto o perdonará. Además, dado que escri­ bí los ensayos en momentos diferentes y con un enfoque distinto, acaso se presenten ciertas inconsistencias o contradicciones obvias. De hecho, en ocasiones se me ha criticado de inconsistente por haber dicho o escrito cosas diferentes en momentos diferentes, ocurriendo que tam­ bién se me haya criticado por un exceso de consistencia cuando, a lo largo de los años, no he cambiado mis puntos de vista. Me agrada pensar que en ese tiempo he mantenido mis puntos de vista fundamentales, pero a la vez cambiando aquí y allá el subrayado debido al choque oca­ sionado por fuentes y problemas recién estudiados, así como en respues­ ta, más a menudo negativa que positiva, a las modas cambiantes. Escribí los ensayos entre 1944 y 1975; la investigación que les sirve de base se remonta, por lo menos, a 1931, cuando por vez primera llegué a la especialización en estudios renacentistas; acaso algunas de las premisas tengan su origen en mis primeras investigaciones como estudiante de filosofía y de los clásicos, allá por los veinte. Dado que estoy presentando aquí los resultados parciales de casi cincuenta años de labor, viene al caso explicar brevemente el modo en que llegué a mis puntos de vista y el modo en que los desarrollé. Fui educado en un Humanistisches Gymnasium, en Berlín; allí apren­ dí mucho sobre las literaturas griega, latina, francesa y alemana, así como sobre historia y matemáticas. Por cuenta propia leí ampliamente, adquiriendo con ello un interés por la música clásica y la historia del arte que me ha acompañado toda mi vida. En el momento de graduarme, 15

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