C R I M I N O L O G ÍA A P R O X I M A C I ÓN DESDE UN M A R G EN E U G E N IO RAÚL Z A F F A R O NI C R I M I N O L O G ÍA A P R O X I M A C I ÓN D E S DE UN M A R G EN Vol. I EDITORIAL TEMIS S. A. Bogotá - Colombia 1988 © Eugenio Raúl Zaffaroni, 1988. © Editorial Temis, S. A., 1988. Calle 13, núm. 6-45, Bogotá. ISBN 84-8272-278-6 Hecho el depósito que exige la ley. Impreso en Nomos Impresores. Carrera 39 B, núm. 17-98, Bogotá. Queda prohibida la reproducción parcial o total de este libro, por medio de cualquier proceso, reprográfico o fónico, especialmente por fotocopia, microfilme, offset o mimeógrafo. Esta edición y sus características gráficas son propiedad de Editorial Temis, S. A. A la memoria de MARCELO MALTA PREFACIO Este volumen contiene la primera parte de una reflexión general acerca de la criminología. No es un tratado ni un manual, sino solamente la "aproximación" de un curioso. Y no es la primera, pues esa tuvo lugar hace casi un cuarto de siglo, apenas egresado, con las enseñanzas del maestro Alfonso Quiroz Cuarón, en México, y fue una experiencia humanamente extraordinaria. No obstante, en lo intelectual, había "algo" que no encajaba. Insensiblemente volví a la dogmática jurídica y allí me quedé varios años. Pero la práctica judicial, los hechos políticos y el trato con los presos me impulsaban a seguir atisbando por la ventana a la criminología. De este modo, fui sintiendo que también en la dogmática jurídica había "algo" que no encajaba. No demoré mucho en advertir que la clave estaba en la política criminológica y en su estrecha dependencia de la política gene- ral, en percibir que la dogmática jurídico-penal es un inmenso esfuerzo de racionali- zación de una programación irrealizable y que la criminología tradicional o "etioló- gica" es un discurso de poder de origen racista y siempre colonialista. Pero percatarse no era suficiente: se hacía necesario salir por la puerta francamente y curiosear sin tapujos en el terreno de la criminología. Una circunstancia especial aceleró ese paso: fue el regreso a la Universi- dad de Buenos Aires. En realidad, casi siempre había estado fuera de la Universidad de Buenos Aires. No me había preocupado mucho, entre otras cosas, porque hasta cierto punto me parecía lógico: en ella se habían reproducido los discursos antipopu- lares que aquí explico. En 1974, el director del Instituto de Derecho Penal de la Facultad de Derecho me había invitado a dar clases de posgrado. En 1976, esas funciones terminaron con una comunicación administrativa firmada por un funcio- nario de la intervención militar con grado de capitán. En 1984, los delegados inter- ventores en la Facultad de Derecho y en la entonces carrera de psicología me confiaron interinamente las cátedras de derecho penal y de criminología respectivamente. En 1985 obtuve la primera por concurso, y en 1986, la segunda. La necesidad de explicar criminología en la Facultad de Psicología, en la única cátedra curricular que tiene la Universidad de Buenos Aires desde 1963, aceleró sensiblemente mi decisión de salir francamente por la puerta y curiosear muy en serio. Con unos años más —lo que no es mérito, por cierto— volví al terreno que no pisaba desde el Anáhuac y me puse a la tarea de tratar de ordenar lo que iba encontrando allí, que son sus múltiples facetas que, como las muchas caras de Quetzalcóatl, confunden si no se sabe que representan lo mismo. En nuestro caso no son las formidables piedras del altar de Teotihuacán, sino caretas endebles que ocultan el rosto inmutable del poder en cuyo margen siempre nos hemos hallado. Así es como llego a intentar un realismo criminológico marginal en la "aproxi- mación marginal" cuya primera parte abarca este trabajo. Los cinco primeros capí- tulos fueron distribuidos en multicopiador entre los colaboradores de las cátedras de Buenos Aires, los alumnos de la Facultad de Psicología, algunos colegas y ami- gos de "nuestro margen" y de Europa y Estados Unidos. A todos ellos debo agrade- cerles las opiniones e ideas que me han aportado y también las críticas. Aunque X PREFACIO declaro que mis errores son absolutamente propios y pese a que la mención de nombres siempre es parcial, quiero expresarles mi agradecimiento a los alumnos y a los colaboradores, especialmente a Amoldo A. Giménez, a Juan Domínguez, a "Felo" Ferreyra, a Miguel Alfredo Arnedo y a Lucila Larrandart. De "nuestro margen" debo agradecerle a Rosa del Olmo, a Lola Aniyar de Castro, a Manuel de Rivacoba y Rivacoba, a Elias Carranza y a Ofelia Grezzi. De Europa, a Alessan- dro Baratta, a Antonio Beristain, a Emilio García Méndez y, muy particularmente, a Louk Hulsman, cuya estadía en Buenos Aires en noviembre y diciembre del año pasado es inolvidable. De los Estados Unidos, al grupo criminológico de la American Sociological Association, que me distinguió con su invitación a la reunión de New York en setiembre de 1986. Debo aclarar que muchas ideas las debo al diálogo con presos. El capítulo sexto fue escrito en el curso de este verano. Parte del material de los capítulos anteriores fue utilizado también para varios temas del programa sobre educación y derechos humanos que, en el marco del Instituto Interamericano de Derechos Humanos, coordina la licenciada Leticia Olguín. Aún me resta remover una buena parte del saber criminológico al que, siempre como curioso, pretendo aproximarme marginalmente. El interés demostrado por amigos colombianos me decide a publicar esta primera parte, que espero completar en breve. Al momento de entregar estas páginas a la imprenta colombiana, me resulta ineludible la evocación de los amigos ausentes (¿o presentes?): Alfonso Reyes Echandía, Ricardo Medina Moyano, Luis Enrique Aldana Rozo y Emiro Sandoval Huertas, Su recuerdo constituye un gran impulso para continuar. E. R. Z. Buenos Aires, Pascua de 1987.
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